Uno de los compuestos que hacen antibacterial a un jabón es el triclosán, un potente agente antibacteriano y fungicida presente también en diversos cosméticos, productos de primeros auxilios y desinfectantes.
¿Cuál es el problema entonces?
Que los jabones antibacteriales tienen enormes cantidades de triclosán y cuando utilizamos el jabón, el 99% de las veces lo hacemos en un desagüe.
Si bien muchos países cuentan con sistemas de tratamiento de aguas residuales, se ha demostrado que el triclosán resiste la gran mayoría de éstas. Una vez llega a ríos, arroyos y demás, el triclosán tiene la capacidad de interrumpir el proceso de la fotosíntesis en algas y vegetaciones costeras. Por otro lado, también se encontró que el triclosán es absorbido por los vegetales, persiste allí y luego, cuando los animales se alimentan de los mismos, la sustancia pasa a la sangre, habiéndose registrado preocupantes cantidades de triclosán en la sangre de delfines y varios animales acuáticos.
Existen estudios que también mencionan como el triclosán interfiere con contracciones musculares en las células humanas, la actividad muscular en ratones de laboratorio y en peces pequeños. Lo más preocupante es que el triclosán tiene gran facilidad para penetrar el organismo y entrar al torrente sanguíneo, encontrándose elevados porcentajes de triclosán en la sangre, la orina e incluso hasta en la leche materna. De esta manera, el sistema inmunológico, que nos defiende las bacterias peligrosas, se vuelve cada vez más débil y a mayor escala.

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